Aquí os dejo el material trabajado.
SÓLO TRES LETRAS. (Pincha en el título de la poesía)
PAZ QUE ES JUSTICIA.
Pescador, poeta,
minero, torero.
Los cuatro oficios
que yo prefiero.
Y más que el oro,
dorado y negro,
quiero la Paz,
para los pueblos.
¡Paz, que es justicia
es lo que quiero!
Gloria Fuertes.
Pescador, poeta,
minero, torero.
Los cuatro oficios
que yo prefiero.
Y más que el oro,
dorado y negro,
quiero la Paz,
para los pueblos.
¡Paz, que es justicia
es lo que quiero!
Gloria Fuertes.
NIÑOS
DE SOMALIA
Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!
¿Por qué hay que decir no a las pistolas de juguete?
Los juguetes son para jugar a jugar
(de verdad)
no para jugar a matar
(de mentira).
Las pistolas (ni de agua).
El revolver (ni de broma).
La escopeta (ni tocarla).
Los juguetes para todo.
Y las armas para nada.
Gloria
Fuertes.
Basta con una mano para matar.
Necesitamos dos para acariciar,
dos para aplaudir,
todas las manos del mundo
para la paz.
Gloria
Fuertes.
Sólo tres
letras.
Sólo tres letras, tres letras nada más,
sólo tres letras que para siempre aprenderás.
Sólo tres letras para escribir PAZ.
La P, la A, y la Z, sólo tres letras.
Sólo tres letras, tres letras nada más,
para cantar PAZ, para hacer PAZ.
La P de pueblo, la A de amar
y la zeta de zafiro o de zagal.
(De zafiro por un mundo azul,
de zagal por un niño como tú).
Gloria
Fuertes.
Cuando Madrid era Sarajevo.
En Madrid llovía metralla,
llovía injusticia,
llovían muertos.
Me regalaron un
cordero.
"Tienes para comer un
mes" me dijeron.
Los ojos del cordero me
dijeron otra cosa.
Yo, por poco me muero de
hambre.
El cordero se murió de
viejo.
Nos cogimos cariño,
él y yo solos bajo los
bombardeos.
Después iba a por hierba
a los solares
para mi cordero.
Le enseñé a comer
papel
con los partes de
guerra
a mi cordero.
Gloria
Fuertes.
Ahora podéis leer este cuento que trabaja los valores de paz y solidaridad. Fue escrito por Gloria Fuertes en 1996.
LA AVESTRUZ TROGLODITA.
Troglodita era la única avestruz que quedaba en el desierto. En el desierto cercano al nuevo reino recién civilizado.
La avestruz los domingos se iba al cine y se compraba cinco pesetas de imperdibles que devoraba nerviosa mientras los malos tiroteaban a los buenos.
Entre semana sólo comía lo que encontraba: cremalleras, latas, corchetes, chinchetas y alguna que otra tachuela.
Troglodita se llevaba bien con la gente pero echaba de menos a sus semejantes las avestruces.
De tanto comer lo que comía, la avestruz puso un huevo de aluminio. Y del huevo salió un tractor. Un tractor chiquitito pero útil.
El tractor salió andando, andando y llegó hasta una granja pobre y se ofreció para trabajar gratis.
Troglodita siguió los pasos de su extraño hijito y se quedó cerca de él mirando cómo arrancaba las malas hierbas.
Unos tremendos ruidos le hicieron temblar de pico a pata. Los ruidos crecían. Troglodita llevaba una semana sin poder sacar la cabeza de entre la arena, ya no podía más.
-¿Cómo es posible que una tormenta dure tanto tiempo?- Se decía- Miedo me da, pero me asomo.
Se asomó y . . . ¡Qué tormenta ni mono vivo! Aquello era algo peor que tormenta y tormento. ¡Aquello era una guerra! ¡Una “cacería”!
Pero qué cacería tan increíble. Los pacíficos negritos de un lado de la selva se habían liado a “cazar” a los pacíficos negritos del otro lado.
Todos iban vestidos por primera vez, hasta llevaban correaje.
Los niños, que nunca habían tenido un juguete entre sus manos, tenían ahora un fusil.
¡Disparos, explosiones, truenos, rayos y tambores!
La avestruz no entendía nada.
Temblando de miedo volvió a meter la cabeza bajo el ala.
Los disparos le peinaban todas las plumas, tiesas del susto.
La avestruz meditaba: “Es una vergüenza que yo esté así, pensando egoisticamente sólo en mí y temblando como un cobarde conejo!
Troglodita sacó la cabeza de debajo del ala y miró alrededor.
¡Qué horror! Con la noche se apagaron los ruidos y los fogonazos. Todo era como boca de lobo.
Troglodita no veía nada. Tenía un hambre que no veía. Andaba despacito, levantando mucho sus largas patas para no tropezar con cuerpos.
A los lados del río descansaban los guerreros.
-¡Esta es la mía!- se dijo la avestruz-. –¡Vaya festín que me voy a dar!
Y así fue.
Mientras dormían los soldados de ambos lados, Troglodita se tragó todos los fusiles de unos y otros.
Las armas estaban en malas condiciones y Troglodita casi se muere intoxicada.
Y GRACIAS A LA HERÓICA AVESTRUZ REINÓ LA PAZ EN EL REINO.
La avestruz los domingos se iba al cine y se compraba cinco pesetas de imperdibles que devoraba nerviosa mientras los malos tiroteaban a los buenos.
Entre semana sólo comía lo que encontraba: cremalleras, latas, corchetes, chinchetas y alguna que otra tachuela.
Troglodita se llevaba bien con la gente pero echaba de menos a sus semejantes las avestruces.
De tanto comer lo que comía, la avestruz puso un huevo de aluminio. Y del huevo salió un tractor. Un tractor chiquitito pero útil.
El tractor salió andando, andando y llegó hasta una granja pobre y se ofreció para trabajar gratis.
Troglodita siguió los pasos de su extraño hijito y se quedó cerca de él mirando cómo arrancaba las malas hierbas.
Unos tremendos ruidos le hicieron temblar de pico a pata. Los ruidos crecían. Troglodita llevaba una semana sin poder sacar la cabeza de entre la arena, ya no podía más.
-¿Cómo es posible que una tormenta dure tanto tiempo?- Se decía- Miedo me da, pero me asomo.
Se asomó y . . . ¡Qué tormenta ni mono vivo! Aquello era algo peor que tormenta y tormento. ¡Aquello era una guerra! ¡Una “cacería”!
Pero qué cacería tan increíble. Los pacíficos negritos de un lado de la selva se habían liado a “cazar” a los pacíficos negritos del otro lado.
Todos iban vestidos por primera vez, hasta llevaban correaje.
Los niños, que nunca habían tenido un juguete entre sus manos, tenían ahora un fusil.
¡Disparos, explosiones, truenos, rayos y tambores!
La avestruz no entendía nada.
Temblando de miedo volvió a meter la cabeza bajo el ala.
Los disparos le peinaban todas las plumas, tiesas del susto.
La avestruz meditaba: “Es una vergüenza que yo esté así, pensando egoisticamente sólo en mí y temblando como un cobarde conejo!
Troglodita sacó la cabeza de debajo del ala y miró alrededor.
¡Qué horror! Con la noche se apagaron los ruidos y los fogonazos. Todo era como boca de lobo.
Troglodita no veía nada. Tenía un hambre que no veía. Andaba despacito, levantando mucho sus largas patas para no tropezar con cuerpos.
A los lados del río descansaban los guerreros.
-¡Esta es la mía!- se dijo la avestruz-. –¡Vaya festín que me voy a dar!
Y así fue.
Mientras dormían los soldados de ambos lados, Troglodita se tragó todos los fusiles de unos y otros.
Las armas estaban en malas condiciones y Troglodita casi se muere intoxicada.
Y GRACIAS A LA HERÓICA AVESTRUZ REINÓ LA PAZ EN EL REINO.
Moraleja:
Lo que no hace un político sin luz,
Lo hace una avestruz.
Lo que no hace un político sin luz,
Lo hace una avestruz.
También lo podéis ver en este vídeo.